Ejecuta en entornos aislados, con entradas maliciosas y límites agresivos para descubrir fallas temprano. Redacta primero una prueba que falle y úsala como contrato. Exige linters, análisis estático y revisiones automatizadas; solo entonces eleva el código a una rama compartida con confianza razonable.
Documenta la fuente de cada fragmento aceptado, verifica compatibilidad de licencias y anota restricciones de uso si aplican. Si la procedencia es incierta, prefiere reescrituras funcionalmente equivalentes. La trazabilidad legal y ética evita sorpresas en auditorías, ventas, integraciones con terceros y futuras publicaciones de código abierto.
Mantén un checklist visible en pull requests: pruebas reproducibles, límites documentados, errores manejados, métricas aceptables y lectura por otra persona. La disciplina de marcar casillas no es burocracia; es un salvavidas contra regresiones y la ilusión de progreso que a veces producen respuestas convincentes pero incompletas.